Hasta para ser pobre hay que trabajar

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Ser un medio, o trabajar en un medio, difícilmente sea el camino para hacerse millonario. Pero hay que generar ingresos, porque es el primer paso para empezar a ser pobre, y con práctica y experiencia, tal vez un día se pueda vivir de la profesión o del proyecto.

Más allá de querer usar palabras maquilladas o términos bonitos, como sustentabilidad, sostenibilidad, empresa con propósito, u otras derivaciones, al final del día, un proyecto tiene que ser rentable. Aplica para una fábrica, aplica para un medio. Aplica para un periodista. Aplica para un creador de contenido.

En todos los casos (o la gran mayoría), los medios o los proyectos de contenido, para ayornarme, generan ingresos. Como también genera sus propios ingresos (o al menos debería hacerlo), un periodista o un creador de contenidos.

Hay quienes consideran que la plata viene después. Pero la única forma de que eso suceda de manera inequívoca, es si el tren ya pasó por Tolosa.

Un hosting cuesta plata, una cámara cuesta plata, internet cuesta plata. Entonces, pensar en contenido, ya sea para un incipiente proyecto personal, como un ¿blog? o streaming, así como para armar un medio, tiene que tener a los ingresos como uno de sus puntos a trabajar.

No creo que haya muchas personas que aún desconozcan que hay vías de ingresos o financiación que que no pasan por canales comerciales, pero por si alguien aún quiere mantener su ingenuidad, no vamos a ahondar en eso… no por ahora.

Acá debería poner una linda presentación para vender mi consultoría sobre medios y sobre lo que yo creo que es una estrategia para ingresos, pero si matamos unos cuantos slides de PowerPoint, llegamos al hueso porque «sostenibilidad = falta plata» y «sustentabilidad = tiramos un par de meses», no queda bien en un ppt, pero es la parte a la que hay que llegar despierto. Según el medio, esos meses para «tirar» pueden ir desde un trimestre, hasta un almanaque completo, pero la actualidad está más cerca de un esquema más reducido que aspirar a un trimestre. No es algo malo que sobre plata, lo que pasa, es que no pasa. No son muchos los medios que puedan ponerse a pensar en qué gastar. Más bien, la mayoría ¿planifica? en que deja de gastar. Y no es una medalla no ganar plata, a pesar de que muchos se quieren colgar el déficit como una cucarda. Y no, ganar medallas y premios, no trae plata tampoco; por lo menos no mucha. Si podemos charlar honestamente sobre eso, los medios pueden seguir dando batallas. Pero, el mayor anhelo que huelo en los medios, es que las millonarias empresas que se están erigendo armando sus balances con sangre de periodistas y escritores, un día reflexionen, o algo o alguien las legisle, y que mensualmente repartan limosnas para subsistir, por ese trabajo robado para entrenar un robot. Para esas empresas, limosnas, para los medios, una mensualidad de padres separados millonarios.

Mi postura camorrera es porque me anoté en demasiadas charlas en las que no se decía nada. O nadie quería discutir sobre temas que salpiquen a algún sponsor en el congreso de turno. Mi postura es para tratar de involucrar a todos en la pelea, que en realidad no es una pelea, sino una carrera de postas.

No hay una redacción que pueda sostenerse sin ingresos, ni hay un medio que solo busque generar ingresos sin que le importe la redacción… al menos no lo hay con el fin de defender este posteo. Eso lo discutimos en otro texto.

Hace unos años, durante la presentación del Proyecto Oasis de Sembramedia, Olivia Sohr mencionó que los medios que ponen una persona a vender, mejoran muchísimo sus ingresos, pero hay que preparar y ayudar a esas personas, o trabajar para que existan esos perfiles. ¿Un periodista que toma pedidos de ventas? ¿Un comercial que sepa decir algo más que «ahora estoy en la calle»? No sé, pero alguien tiene que elegir prepararse para lo que viene, que en realidad ya se vino, pero bueno, este posteo lo armé en borrador hace mucho tiempo atrás.

Si, escribir es lindo, pero también es lindo cobrar un buen sueldo y tener laburo por muchos años, y para que eso pase, tiene que entrar plata. Y algo de esa plata que entra, se tiene que quedar también. Porque cuando el rulo financiero de las agencias te agarre mal parado, no vas a poder pagar nada con mails que digan «el pago está por salir».

Podemos encontrar un “sugar daddy” o mecenas, como le dicen los que tienen culpa de recibir plata sin vender nada, o, que quieren recibir plata nomás. Pero son los casos menos exitosos, al menos, para un proyecto de largo plazo.

Ya no queda lugar para más velas en el altar del «Times». Y si le siguen prendiendo velas al El New York Times, lo van a quemar. Y ojo que el papel agarra rápido, ¿O no fue lo primero que empezó a arder?.

Yo sé que es agotador meterse en el mundo de los números, pero es más lucrativo que tratar de pelearse contra las grandes tecnológicas… y casi hasta más digno.

Ya escribo esto nisiquiera como un llamado a una industria que tiene más ego por mimar que ganas de hacer introspección. Una industria en la que tanto trabajé. Sino que escribo esto como alguien que quiere dejar de escribir estos textos de “economia de supervivencia” para medios, quiero dejar de escribir y empezar a pagarle a medios que me digan realmente a donde va plata, como lo hace Orsai o eldiario.es, este último es uno de los dos medios argentinos a los que aporto (en su versión de 3 estrellas), y no saben decirme en que se gastan la plata que me piden, y me siguen pidiendo más plata, no se bien para que. Pero eso es otro texto (tal vez la frase que más vengo usando hasta ahora).

En el prólogo del libro de un periodista que había reunido sus escritos, cuenta los escollos para lograr vivir a base de un oficio que solo le permitía sobrevivir, y a veces ni eso. Creo que era un libro de Walter Lezcano. En una página, después de remarcar lo que para el representaba poder escribir en medios, dice «¿Cuánta pobreza soporta una pasión?» y en el caso del periodismo, creo que mucha, porque los que hicieron grande este oficio, han sido personas apasionadas que se encontraron con el dinero más tarde que temprano.

De esa pasión, nació el enamoramiento que hoy tiene a miles de huérfanos tratando de firmar una nota y que la emoción de ver sus nombres en letras de molde sea más grande, tan grande, que edulcore los 30 o 60 días que tarda en llegar un pago escaso a un oficio que ve más futuro en el pluriempleo antes que pensar en una monogamia profesional.

Si hay algún novel estudiante o un veterano de las redacciones, quiero decirles que la pasión que los hace resignarse al pluriempleo es una pasión muy noble, pero que también hay que laburar un montón para seguir en la lucha nomás, ni siquiera para ganarle. Hay muchas chances de ser pobre en esto, pero como les pasa a los pescadores, que con un pique cada dos horas pueden quedarse una noche de invierno esperando, también una nota publicada es el esnorquel que deja que el agua crezca un poco más sin preocuparse.

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